Tuve que fingir
Rápidamente una sonrisa en mi rostro antes de que pudieran captar la expresión de horror que seguramente había tenido momentos antes. Tenía que encontrar una forma de excusarme sin levantar sospechas y, por el momento, la mejor estrategia era actuar como mi alegre yo habitual. “¡Cariño, ya estoy en casa!” Grité, bajándome a mí misma y a las bolsas que llevaba para poder dar a Brutus una rápida palmadita.

Tuve que fingir
Publicidad