Llamadas desconocidas
Como si el caos no fuera ya abrumador, mi teléfono empezó a zumbar sin parar con llamadas de números desconocidos, y cuando por fin contesté a una en un intento de tranquilizarme, una voz al otro lado afirmaba ser la de los padres de los chicos. Lo descarté como un error y colgué, pero las llamadas siguieron llegando, y cada extraña afirmación me apretaba el nudo en el pecho y me dejaba desesperada por que alguien -cualquiera- me explicara por fin qué estaba pasando.

Llamadas desconocidas
Una sensación extraña
Intenté descartarlas como bromas telefónicas, pero el malestar persistía, formando un nudo en el estómago que no podía ignorar. ¿Por qué se acercaban de repente tantas personas desconocidas y por qué mis instintos insistían en que importaba, por absurdo que pareciera? Miré a mi hijo, que descansaba tranquilamente, y me obligué a centrarme en lo que más importaba en aquel momento: su recuperación.

Una sensación extraña
